lunes, 27 de octubre de 2008

Bito decide esperar

Tras apagar la colilla contra el cenicero decide irse a la cama para pensar con más calma al día siguiente. Pero apenas se ha acostado cuando escucha golpes en su puerta. Sabe que se trata del viejo, así que prefiere guardar silencio a la espera de que se marche, pero eso no ocurre, sino que el anciano, insistente, comienza a aporrear la puerta hasta conseguir que salte el pestillo.

Pero para entonces Bito ya le está esperando armado con una barra de hierro. El viejo no le da ocasión de hablar pues como un toro embravecido se lanza a por él llamándole ladrón. Bito, que se había armado únicamente por impresionar, se sorprende al comprobar cuán fuerte y sano está el viejo, y entonces deduce que durante todos estos meses no ha hecho más que engañarle y aprovecharse de su buena fe. Ahora más cabreado que nunca no vacila en defenderse contra los ataques del viejo, y ambos se enzarzan en una terrible batalla que termina con Bito subido sobre la espalda de su contrincante golpeándole la cabeza con la barra de hierro. Finalmente, se la abre y el Sr. Maideu cae muerto al suelo.

Durante las siguientes horas Bito se dedica a descuartizar al viejo en la bañera. No dejará ni una sola prueba de su crimen, además, está convencido de que no habrá ningún familiar preocupado por buscarle así que le darán por desaparecido. Cuando termina su ardua tarea guarda los pedazos en una bolsa de basura que, a la mañana siguiente, y justo antes de partir para siempre, tira en el contenedor.

Llega a casa de sus padres casi al anochecer. Estos se sorprenden al verle, pues no sabían nada de un inesperado regreso. Bito está feliz, durante el trayecto ha imaginado una y otra vez como les daría la noticia de su nuevo estatus social, y aunque sabe que habrá de evitar la parte del asesinato, no duda en que el relato les hará infinitamente felices.

- Os lo explicaré con una sola imagen - dice sonriente - vedlo por vosotros mismos.

Entonces abre la bolsa de basura, pero donde debieran estar cientos de fajos de billetes hay un montón de carne humana sangrante y desmembrada, sobre la que destaca un ojo vidrioso que le mira inquisitivamente y que provoca los vómitos de su madre. Bito observa atónito preguntándose cómo demonios ha podido confundirse, y mientras trata de discurrir su padre, escondido en la cocina, ya ha marcado el teléfono de la policía con los ojos llorosos, convencido de que su hijo, finalmente, ha perdido por completo la cabeza.